Mujeres en el cine primitivo: Las fábricas de coloreado

Con motivo del Día de la Mujer y porque siempre quiero aprovechar cuando hay un huevo para hablaros de cine primitivo, he decidido escribir esta entrada de blog sobre una figura muy olvidada en el estudio del cine: las mujeres coloristas. Y sí, digo mujeres, ya que este trabajo es uno de los primeros donde el género femenino fue predominante. 

El cine de los inicios era blanco y negro, sin embargo el amor por traspasar a través de las pantallas los colores de la vida siempre fue un tema muy hablado. Colorear las películas fue uno de los primeros empleos de la mujer dentro del negocio cinematográfico. Las coloristas ya tenían fama antes del cine debido a sus coloreados de fotografías y linternas mágicas, además, había que añadirle el hecho de poder ser explotadas con menor salario que los hombres por su condición femenina. Otra de las causas populares era que sus manos trabajaban mejor al ser más pequeñas y ágiles.

La primera película coloreada fue Anabelle’s Dance de Edison/Dickson, en 1895. Es a partir de aquí cuando nace el concepto de cine coloreado a mano. Se dice que esta película pudo haber sido coloreada por la esposa de uno de los empleados de Edison.

Es en Francia donde las figuras de las coloristas comienzan a hacerse notar gracias a Elisabeth Thuillier, una colorista francesa con una de las fábricas de coloreado más importantes del cine primitivo. Esta fábrica comenzó como un simple laboratorio de coloreado de linternas mágicas, sin embargo a finales de siglo XIX entró en el mundo de coloreado de películas gracias al acuerdo con el cineasta George Méliès, el cual subcontrató el coloreado de todas sus películas a Elisabeth Thuillier. Cada trabajadora recibía un color y un área para colorear, pasándole el trabajo a otra compañera al terminar. El coloreado a mano se convirtió así en un trabajo casi industrial. El trabajo de las empleadas de Thuillier fue internacional gracias a la distribución americana de las películas de Méliès a través de la compañía Selig Polyscope.

Debido al éxito de Thuillier, otros clientes quisieron hacer uso de sus servicios de coloreado. Uno de ellos fue la productora Pathé Frères, la cual quería que Thuiller y sus empleadas trabajaran exclusivamente para ellos. Elizabeth se retiró del acuerdo tras enterarse de que debía compartir el puesto de jefa con una de las mujeres de los empleados de Pathé.

A pesar de conseguir un coloreado industrial y masivo, los resultados nunca eran iguales y uniformes. Otro de los momentos revolucionarios del cine coloreado, por tanto, fue cuando se pasó de una técnica poco uniforme a otra mucho más realista, a través del pochoir o coloreado por plantillas. Esta técnica nace con el director español Segundo de Chomón. Este cineasta conoció a su esposa Julienne Mathieu en Francia y en ese momento se introduce en todo el universo fantástico de George Méliès, debido a que su mujer trabajaba en el taller de coloreado de Elisabeth Thuillier. Ambos crearán esta técnica de coloreado, donde por medio de unas plantillas recortadas de cada fotograma se podía pintar de forma fácil y rápida.

Segundo de Chomón fue contratado por la compañía Pathé Frères en 1906 para competir con la productora Star Films Company de George Méliès. Gracias a esta unión, Pathé patentó la técnica de coloreado de Segundo de Chomón y Julienne Mathieu, renombrándola como Pathécolor. La compañía de cine, en su famosa fábrica de Vincennes, contrataron a centenares de mujeres para competir con el laboratorio de coloreado de Elisabeth Thuillier. Estas obras se caracterizan por sus colores pasteles y los contornos bien definidos, llegando a parecer incluso obras de arte, a diferencia de los colores estridentes del coloreado a mano.

Segundo de Chomón


Las estenciladoras (las coloristas de Pathé) utilizaban unas mesas especiales donde podían encargarse cada una de una plantilla y color específico. Pathé utilizó en su fábrica alrededor de unas cuatrocientas empleadas, todas mujeres. No se sabe si sus superiores eran también mujeres u hombres.

La técnica del coloreado a mano de Thuillier fue desapareciendo poco a poco y siendo sustituida por el coloreado a través de plantillas, el cual perduró hasta 1930.

Poco se sabe de las condiciones laborales de estas mujeres, sin embargo, el hecho de que gracias a ellas tengamos películas coloreadas que nos trasladen a otros mundos es digno de recordar. Las coloristas del cine primitivo siempre han sido olvidadas y es hora de que formen parte de los libros de historia de cine.


Bibliografía.

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  • Yumibe, Joshua. (2012). Moving Color: Early Film, Mass Culture, Modernism. Rutgers University Press.
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